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Sucedió en un lineal de supermercado

Ella, tenía 35 años, ideas claras, mente lúcida y bolso pequeño. Solía acudir al supermercado de siete a diez o de ocho a nueve, según le permitiera el tráfico o la carga de trabajo.

El funambulismo que practicaba en la economía del hogar, hacía que cada vez que fuera a la compra se armara de una pequeña lista con la que no sucumbir a las tentativas ofertas que la cadena promocionaba con asiduidad para dar salida al stock restante. Cada peso cuenta, y ella lo sabía muy bien.

Pero esta vez fue diferente. Los resultados cosechados en su trabajo, dieron como resultado una paga extra que se abonó en cuenta el mismo día quince, ese quince en el que la ciudad, gasta un poco más para pensar un poco menos.Así que se encaminó al supermercado sin una lista de productos fija, pero con una idea clara: dar un homenaje a ella y los suyos.

Pensó en su marido y en vez de una cerveza convencional, sus ojos se fijaron en nueva presente en el lineal. No es que fuera nueva, sino que simplemente su mente nunca alcanzó a mirar tan arriba. Ni a fijarse en la presentación del producto, ni a valorar el proceso de fabricación. Lo mismo pasó con sus hijos y con las donas, y lo mismo pasó con ella y el shampoo.

“se armara de una pequeña lista con la que no sucumbir a las tentativas ofertas que la cadena promocionaba con asiduidad para dar salida al stock restante”

Y con la ilusión de quien va dar una sorpresa, los llevó a casa. Una vez allí, realizó la liturgia de cada 15. Acomodó la remesa, en los diferentes recovecos de la casa. Y tras dar los besos pertinentes de buenas noches qué tal fue tu día, fue dando la bienvenida al a los tres pilares que conformaban su hogar.

No fueron hasta el primer trago y el segundo mordisco, que padre e hijos sucumbieron ante la calidad del cambio. Y no fue hasta la mañana siguiente que ella agradeció la lisura de su pelo.

Mismo día en la que ella y él, se encaminaban al trabajo con la mira puesta en trabajar de tal manera , que les permitiera tomar con mayor frecuencia esos pequeños caprichos.

Quizás nada de esto hubiera ocurrido, si el bono extra nunca hubiera sido transferido, si hubiera optado por ahorrarlo o hubiera pensado en darse un capricho personal.

Pero de lo que estamos seguros, es que jamás hubiera ocurrido si no hubiera habido una actitud de cambio, una oferta de diferentes productos y unas ganas de cambiar los hábitos de consumo.Y cuando esto ocurre, las marcas tienen que estar preparadas para ese cambio, porque nunca sabemos cuándo el consumidor decide probar cosas nuevas. Y del esfuerzo que están dispuestos a realizar si el producto supera las expectativas a las que estamos acostumbrados.

Sucedío en un líneal de supermercado, es un pequeño relato corto escrito por Napoleón,

con el fin de entretener a través del marketing.

Si cuentas con una marca y tienes algún problema en marketing,podemos ayudarte.

Escribe a dirección@napoleonagencia.com, y en nada, estamos contigo.

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